Nada mejor que una ensalada, un plato de legumbres o deliciosas carnes con su aderezo de mostaza. Este condimento se utiliza a diario en todo el mundo, para dar ese toque final de exquisitez a innumerables platos, mucho más allá del tradicional ‘hot dog’.
Entre los tipos de salsa existentes, hay pocas tan populares y adoradas como la mostaza. Es un aderezo que se puede usar en cualquier tipo de comida, ya sea para acompañar una carne, rellenar un sándwich, darle sabor a una ensalada, entre muchos otros usos. Es un condimento que no debe faltar en ninguna despensa o cocina.
La mostaza es un producto alimenticio clásico de la gastronomía francesa, por lo que es ideal para aquellos que quieren probar recetas tradicionales de este precioso país. Y es que la gran mayoría de platos franceses incorporan la mostaza de una forma u otra, es una salsa indispensable en ese país.
Ya sea una mostaza clásica, mostaza de Dijon o algunas de las variantes, como el aderezo de mostaza y miel, uno de los preferidos por su combinación agridulce, es la salsa ideal para acompañar en un almuerzo o para las recetas en una reunión familiar o entre amigos.
Lo mejor de la mostaza es que, a diferencia de otras salsas, es baja en calorías. Además, no contiene colesterol, ya que está preparada completamente con base de semillas, por lo que no tiene como ingrediente ningún tipo de grasa animal. Esto, junto a su significativo contenido de proteína y minerales, hace que la mostaza sea un alimento delicioso, a la par que saludable.
No hay excusa para no disfrutar del exquisito sabor que brinda la mostaza a las comidas. Es recomendable probar las diferentes variantes existentes en el mercado hasta encontrar la favorita, o directamente, probar la auténtica mostaza de Dijon, la cual seguro se convertirá en un ingrediente esencial en la cocina.
Creada en Roma, perfeccionada en Francia
Originalmente, la semilla de mostaza se cultivaba solo en Oriente. Fueron después los griegos quienes la introdujeron en Europa, y de ahí, la Roma imperial empezó a darle variedad de usos.
La salsa de mostaza propiamente dicha fue creada por los romanos. Ellos desarrollaron el preparado original: mezclaban el mosto (es decir, el jugo de uva sin fermentar) con las semillas de mostaza, para producir el «mosto ardiente», muy similar a la mostaza que consumimos hoy en día.
Aunque en la edad clásica, la mostaza se usaba como condimento gastronómico, también se le daba otros usos. Se utilizaba para elaborar ‘moretum’ (una especie de queso especiado), se usaba en los vinos especiados, y hasta se utilizaba como planta medicinal para mejorar el dolor de cabeza.
Muchos años después, en la Edad Media, más específicamente en el siglo XIII, la mostaza empieza a tener su auge mundial. Se empezó a utilizar para acompañar carnes, especialmente aquellas que empezaban a entrar en un mal estado. Los métodos para conservar la carne no eran muy eficientes, y en vez de desperdiciarla, se usaba la mostaza para ocultar el sabor desagradable.
El cultivo se intensificó en regiones como Cremona (Italia) y Dijon (Francia). Es en esta última ciudad donde la mostaza se convirtió en una parte de la identidad ciudadana, y es que la mostaza de Dijon está considerada como la mejor de todo el mundo, no por nada es la variante utilizada en los platos de cocina gourmet.
Al entrar en la Edad Moderna, la mostaza ya estaba esparcida por todo el mundo. Varios países tienen recetas propias para prepararla, cada una ofreciendo un sabor y una textura únicos en su región. Asimismo, son muchos los platos autóctonos de cada país donde se toma como ingrediente principal este tipo de salsa.
Hoy en día, la mostaza está principalmente relacionada con Francia y su cultura gastronómica. Sin embargo, es también una salsa esencial en el ámbito de la comida rápida, cumpliendo la función de acompañante en alimentos como las salchichas, los perritos calientes y las hamburguesas.






