Enrocarse en divorcios complejos, tirar de intereses personales por encima de la lógica e intentar hacer daño al otro, negando parte del patrimonio o entorpeciendo la resolución, tan solo va en detrimento de una cuestión que se podría arreglar gracias a la buena voluntad
Tomar una decisión tan drástica y definitiva como es el hecho de divorciarse es algo que se debe asumir con mucha tranquilidad y cabeza. Pero ¿por qué? En esencia, porque romper una sociedad de gananciales se debe realizar en el contexto más equilibrado y pacífico posible si no se quieren eternizar en la tarea y seguir dependiendo, en cierto modo, la una persona de la otra.
Por tanto, se recomiendan tres ideas esenciales: la primera de ella es sentarse a reflexionar si existe la posibilidad de reconducir la situación, recurrir a figuras medias como la separación o someterse, por ejemplo, a una terapia de pareja; si esto está superado y la decisión es firme, entonces, contratar a un abogado de familia experto matrimonialista para, y esta es la tercera idea, proceder a una divorcio lo más equilibrado posible y alcanzar los máximos acuerdos para que se solvente, con rapidez, esa situación.
Sin embargo, quienes no siguen estos consejos se pueden encontrar situaciones como que la casa es mía y mi pareja no quiere irse, cuando esto ocurre los intereses entran en litigio y eso hace que eternicen los procesos. En este caso concreto se dan muchas circunstancias por las que la recomendación más factible es la conciliación, el diálogo y que todo surja desde el consentimiento. Pero, también hay factores por los que una vivienda puede ser utilizada por una ex pareja con todo el paraguas de la legalidad.
Fórmulas para que el divorcio sea menos estresante
A continuación, se van a exponer algunos ejemplos de diferente naturaleza con el objeto de determinar qué opciones son las mejores en cada caso. Valga que la recomendación de los profesionales siempre pasa por el acuerdo de partes.
Por todo ello, lo mejor es establecer una serie de trucos antes de divorciarse, tales como: no perderse el respeto mútuo, tener el mismo interlocutor legal, antes de tomar cualquier decisión, consultar con un experto en la materia. En definitiva, buscar los máximos acuerdos y puntos de encuentro y trabajar desde ahí solventará y mucho un divorcio amistoso.
Una ex pareja no quiere abandonar la casa del ex cónyuge
Aquí se pueden dar varios casos. Se van a analizar, concretamente, tres, para determinar qué se puede hacer en cada uno de ellos, ya que los procedimientos serán distintos según las circunstancias.
Tras un divorcio uno de los cónyuges con los hijos a cargo se queda en el domicilio familiar que es del otro cónyuge. En este caso, la prioridad de uso de la vivienda habitual la ostentan, en todo caso, los hijos menores a cargo y, por ende, el progenitor que posea la custodia. Por esa razón, aunque la vivienda no le pertenezca, el uso y disfrute sí, al menos, hasta que los hijos tengan independencia.
Tras un divorcio, la persona más vulnerable no abandona el domicilio familiar, aunque la vivienda sea de la expareja. En este caso, la Justicia también suele determinar en el acuerdo de divorcio si el uso de la vivienda puede corresponderle a la persona más vulnerable y puede que incluso haya un plazo establecido. En ese sentido, hay que cumplir ese mandato, pero, desde luego, agotado el periodo, lo mejor es mediar entre las partes y pactar la mejor solución.
El tercer lugar es cuando no se abandona el domicilio por una cuestión de soberbia, venganza o seguir fastidiando. En este caso, contar con un mediador puede ser la mejor opción y, como último recurso, acudir a la figura del desahucio en precario. Sin duda, las soluciones con la Justicia de por medio son más complejas y entrañan más estrés del que ya supone un divorcio.
En definitiva, acordar los términos de un divorcio entre las partes es lo mejor, porque, de querer emprender cada uno una vida por separado, cuanto menos cuestiones los aten, mejor.




